sin saber derivar no hay quien resuelva una ecuación diferencial
07m072009
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si lo imaginas lo fundas, si lo dices lo perpetúas, si lo escribes consta
y es como hacerle una guerra a la nada, agrietar el vacío, manchar la purísima paz del folio en blanco
tal vez fracases, porque tantas otras veces perdiste miembros, te tundieron, te dolieron tantísimo
pero tú tienes suerte; tú sabes llamar por su nombre a tus demonios interiores
y hasta has creído entender su lógica malsana, y hay en esa comprensión cierto consuelo
seamos claros: lo más seguro es que pierdas. todo está en contra, pero hay que intentarlo
que si lo imaginas lo fundas, que si lo dices lo perpetúas, que si lo escribes consta
(¿Cómo se llama éste estar siempre en paz con los demás y en guerra con uno mismo?)
y los sueños...
06l072009
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—Hola Sú. ¿Qué te pasa?
—Hola Án. He visto a Hypnos.
—¿Hypnos?¿Hypnos? Pues ahora no caigo.
—Sí hombre sí; el hermano de Thánatos.
—El hermano de Thánatos —repite Án como para acordarse mejor. De pronto cae—. ¡Coño! Uy, perdón —dice automáticamente tapándose la boca.
A Sú le hacen gracia sus melindres. Todavía se acuerda del día en que vino todo azorado a contarle que había dicho una palabrota de las gordas. "¿Qué has dicho?" le preguntó. "He dicho hache y lo que sigue". Sú rompió en carcajadas mientras le decía "así que has dicho hostias, me cago en dios". A Án casi le da algo allí mismo, miraba a Sú con los ojos encendidos de rabia, coloradísimo coloradísimo y con las plumas de las puntas de las alas encrespadas. Pero a Sú ya no le divierte tanto calentar a Án.
—No pasa nada, Án, te perdono.
—Hypnos ¿eh? Y qué te ha dicho.
—Nada, pero me miraba raro. Como suele mirar él; con esa jodida sonrisa que se le pone cuando trama algo.
—No digas palabrotas, Sú... ¡Bah! Lo mismo no iba con nosotros, o sólo se acordaba de las otras veces. Es un poco retorcido, ya sabes.
—No sé. Nunca trae nada bueno.
—Que eso lo diga yo, Sú, pero tú, que tanto te diviertes.
—Ya, pequeño saltamontes, ya. Pero eso es porque soy un hedonista empedernido adicto a poner al mal tiempo buena cara, pero me faltaría además ser un perfecto gilipollas para no darme cuenta del mal tiempo. Pero como soy más listo que el hambre me tengo que conformar con que me quiten lo bailao'.
—¿Estás bien, Sú?
Sú sonríe mientras le pasa su brazo por encima de las alas a Án y se peina un poco en un gesto que quiere trasmitir aplomo. —No sé Án. Quizá estoy envejeciendo—. Entonces le mete la punta de la lengua en la oreja, súbitamente y a traición para chincharle.
—¡Guarro!— Se revuelve Án.
Sú se ríe y le guiña un ojo. —Te echo una carrera hasta el río.
—Vale. Pero sin volar y sin apostarnos nada.
—¡El último hace guardia esta noche!— Grita Sú mientras se aleja volando como una flecha.
(hay que ver lo que la gente va perdiendo por la calle)
el rumiar de la vaca (festivalera)