(Mañana ha sido hoy tan de repente)

el 3 de enero es un día cualquiera


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Un verdadero artivista, encontraría la manera de sustituir todas las biblias por El principito de Antoine de Saint-Exupéry. Probablemente es el libro que más he leído. Y el que más cosas me ha enseñado, y el que más fresco se va haciendo a lo largo de los años. No suele pasar eso con los libros. Esa clase de libros son pura magia. Esos libros no envejecen. Y no digo yo que la Biblia. Pero le sobran 2000 páginas de puro viejas. El eclesiastés. Algo de San Juan. Y el libro de Job, por lo que vale un peine. Pero del principito se beben hasta las comas. Hasta la dedicatoria es un acierto tan enorme, tan perfecto literariamente, y tan honda.

Y no crean que el principito no es un libro religioso. Lo es. Es pura religión. Y además es católica. Claro que quizá ustedes no me lo entiendan, pero no importa, es que yo soy idiota. En la misma medida que El principito es religión católica, digo.

En cualquier caso, si lo traigo a colación, es porque me molestan un poco todos esos comentarios que escucho en contra de estas fechas. Socavan el ánimo de los felices, o tratan de desarmar entusiasmos desmedidos (y algunos verdaderamente indecorosos, todo hay que decirlo) a base de sofismas: es un día como todos, nada cambia. Pero no es cierto. El cambio de año no es un día como otro cualquiera. Forma parte de los ritos de nuestra cultura, nos reconocemos con mucha gente, y los ritos son necesarios.

Y si lo son, si lo son, lo son por esto:

"Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Por eso me aburro un poco. Pero, si me domesticas, será como si mi vida se bañara de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen meterme bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera del cubil, como una música. Además, fíjate: ¿Ves allá los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Y eso es muy triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. ¡Entonces, cuando me hayas domesticado, será maravilloso! El trigo, que es dorado, me traerá tu recuerdo. Y me gustará el rumor del viento en el trigo...

El zorro calló y miró largo tiempo al principito:

-¡Por favor... domestícame! -dijo.

-Como quieras -contestó el principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

-Sólo se conocen las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los vendedores. Pero como no existen vendedores de amigos, los hombres ya no tienen amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

-¿Qué hay que hacer? -dijo el principito.

-Hay que tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Empezarás por sentarte un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente volvió el principito.

-Hubiera sido mejor volver a la misma hora -dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, a partir de las tres empezaré a ser feliz.. A medida que se acerque la hora me sentiré más feliz. Y a las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, no sabré nunca a qué hora vestirme el corazón... Los ritos son necesarios.

-¿Qué es un rito? -dijo el principito.

-También es algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Por ejemplo, entre mis cazadores hay un rito. Los jueves bailan con las chicas del pueblo. ¡Entonces los jueves son días maravillosos! Voy a pasearme hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

Así, pues, el principito domesticó al zorro."


Antoine de Saint-Exupéry, El principito


Es palabra de Antoine. Nos lo pensaremos, señor.



(Que dios exista o no exista, no le resta ni un ápice al hecho de que vivir es un hecho prodigioso. Absolutamente improbable y probablemente carente de sentido. Y aún así vaya suerte. Como no vamos a inventar dioses a los que darles gracias. Y a los que temer, por arrebatarnos este don tan precioso.)

3 han querido poner más luz en esta calle

Blogger cordelia, cual luciérnaga, añade que...

vaya vaya... me parece que he llegado sin teletransporte.

4/1/07 11:05  
Anonymous prazsky, cual luciérnaga, añade que...

Personalmente no creo que haya que poner ninguna escusa para ser feliz, si la felicidad es una eleccion no se necesita de ritos.

4/1/07 23:08  
Anonymous Anónimo, cual luciérnaga, añade que...

La gente cree en Dios porque el mundo es muy complicado. Creen que es muy improbable que algo tan complicado como una ardilla voladora o el ojo humano o un cerebro lleguen a existir por casualidad. Pero deberían pensar lógicamente, y si pensaran lógicamente verían que sólo pueden hacerse esa pregunta porque eso ya ha sucedido y ellos existen.

Christopher

11/1/07 11:30  

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